sábado, 19 de abril de 2008

Algas condenadas a muerte

Y el paso del tiempo me pega otra bofetada. Y no puedo parar de vomitar cadáveres de flores muertas. La vejez me guiña un ojo, la enfermedad me apunta con una pistola, y la muerte suena una y otra vez en los altavoces que me ensordecen cada vez más.
Me baño en el mar de la vida agarrándome a las algas, me tapo los oídos para no oír su sufrimiento, cuando las arrancan una a una condendándolas a su desaparición.
Nado a contracorriente para olvidar, pero el remolino es más fuerte, y me arrastra al fondo.
Cementerio de animales.
¿Quién nos ha robado la sal?
¿Quién nos ha condenado a no flotar eternamente?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

.

Qué extraño es estar vivo,
sentirse rodeado
de otros seres
igualmente extraños
y de cosas inertes
que te atan
con su solo silencio.
Qué extraño es oír
las voces más calladas,
que se haga visible
lo invisible,
tocar lo que se escapa
para siempre.
Te sorprende que esto
que te envuelve
sea en verdad real,
que tú mismo lo seas.
Tu vida la sostiene,
acaso, esta extrañeza.


(de José Corredor-Matheos)


.

Anónimo dijo...
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