Esta vez no vendrá ningún caballero con armadura a buscarte.
Y te morirás sola, retorciéndote en el suelo,
vomitando tu pobre, triste e inútil corazón por
la boca.
Pero quizá éste se convierta en mariposas.
Mariposas que se posarán en alguna bella flor,
y dejarán ahí todo
tu amor.