El reloj marca las 10:30 h.
Ofelia está durmiendo dulcemente agarrada a una almohada, vestida con un camisón rosa destrozado. El despertador se enciende y suena una canción “de amor”. Ofelia empieza a tararear la canción. Se despierta, sigue tarareando, cada vez más feliz. Empieza a buscar entre los vestidos, hasta encontrar el que le gusta más. Se lo prueba. Le queda horrendo. Se mira en el espejo, sonríe. Se acerca un poco más al espejo, se observa con detenimiento. Se asusta como si hubiera visto a un fantasma. Busca desesperadamente el maquillaje, lanzando todo lo que encuentra por los aires. Encuentra el maquillaje y empieza a maquillarse con ansiedad. Vuelve al espejo. Coge una flor y se la pone entre el pelo. Sonríe orgullosa. Cierra los ojos y a modo de juego busca al azar un papel de los que están en el suelo. Se acerca al terrario de ranas.
OFELIA (a las ranas, con ilusión)(leyendo el papelito)
“Y siempre la misma ilusión, que el amor dure, persevere, gane, nos haga libres”
Aprieta el papel contra su pecho.
Y les lanza el papel a las ranas.
Buen provecho.
lunes, 16 de junio de 2008
miércoles, 4 de junio de 2008
La muerte también es para los que se quedan
La muerte ha salido a mi encuentro y me ha pegado tal bocado que mi alma se ha convertido en un minúsculo rompecabezas escurridizo condenado a la extinción.
La muerte ha salido a mi encuentro y me ha pegado tal bocado que mi corazón se ha convertido en un enorme volcán desbocado condenado a la destrucción.
Mi querido ... viejo....sabio...de cejas frondosas..
Yo que te creí inmortal.
La muerte ha salido a mi encuentro y me ha pegado tal bocado que mi corazón se ha convertido en un enorme volcán desbocado condenado a la destrucción.
Mi querido ... viejo....sabio...de cejas frondosas..
Yo que te creí inmortal.
martes, 6 de mayo de 2008
A contrarreloj
6:30 a.m.
Empieza a sonar el despertador. Lo observa en silencio durante unos segundos. Lo apaga bruscamente.
ÉL (sin dejar de mirar el despertador)
Mierda de aparato. Como puede ser que seas tan miserablemente perfecto. Asesinando los minutos, uno a uno, sin detenerte ni siquiera a contemplar como tus víctimas, corren ansiosamente detrás de ti, llegando siempre tarde, intentando inútilmente llenar segundos ya putrefactos. (Pausa.) Tiempo en descomposición. (Pausa). Pero hoy no. Llevo años estudiando tu método, y he aprendido mucho. Quizá hoy, sea yo quien gane la batalla.
Abre un cajón del mostrador, saca un bote con pastillas.
Mira otra vez al despertador, y le dedica una sonrisa pícara.
Abre el bote, y coge tres pastillas y se las toma con ansiedad.
Saca un cronómetro del bolsillo.
ÉL (al despertador)
(enciendiendo el cronómetro)
Empieza el contrarreloj.
Empieza a sonar el despertador. Lo observa en silencio durante unos segundos. Lo apaga bruscamente.
ÉL (sin dejar de mirar el despertador)
Mierda de aparato. Como puede ser que seas tan miserablemente perfecto. Asesinando los minutos, uno a uno, sin detenerte ni siquiera a contemplar como tus víctimas, corren ansiosamente detrás de ti, llegando siempre tarde, intentando inútilmente llenar segundos ya putrefactos. (Pausa.) Tiempo en descomposición. (Pausa). Pero hoy no. Llevo años estudiando tu método, y he aprendido mucho. Quizá hoy, sea yo quien gane la batalla.
Abre un cajón del mostrador, saca un bote con pastillas.
Mira otra vez al despertador, y le dedica una sonrisa pícara.
Abre el bote, y coge tres pastillas y se las toma con ansiedad.
Saca un cronómetro del bolsillo.
ÉL (al despertador)
(enciendiendo el cronómetro)
Empieza el contrarreloj.
lunes, 28 de abril de 2008
sábado, 19 de abril de 2008
Algas condenadas a muerte
Y el paso del tiempo me pega otra bofetada. Y no puedo parar de vomitar cadáveres de flores muertas. La vejez me guiña un ojo, la enfermedad me apunta con una pistola, y la muerte suena una y otra vez en los altavoces que me ensordecen cada vez más.
Me baño en el mar de la vida agarrándome a las algas, me tapo los oídos para no oír su sufrimiento, cuando las arrancan una a una condendándolas a su desaparición.
Nado a contracorriente para olvidar, pero el remolino es más fuerte, y me arrastra al fondo.
Cementerio de animales.
¿Quién nos ha robado la sal?
¿Quién nos ha condenado a no flotar eternamente?
Me baño en el mar de la vida agarrándome a las algas, me tapo los oídos para no oír su sufrimiento, cuando las arrancan una a una condendándolas a su desaparición.
Nado a contracorriente para olvidar, pero el remolino es más fuerte, y me arrastra al fondo.
Cementerio de animales.
¿Quién nos ha robado la sal?
¿Quién nos ha condenado a no flotar eternamente?
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